¡CUIDADO! NO
TODO ES BULLYING
Juan llegó a casa muy triste hoy, su mamá preocupada
lo interrogó y se enteró que un niño de su clase lo había llamado “bebé”,
indignada, al día siguiente, se presentó en la escuela para hablar con el niño
que acosaba a su hijo, la atendió la profesora quien le comentó que estaban
jugando fútbol y que a Juan se le había escapado la pelota, tras lo cual se
puso a llorar y un compañero le dijo el apodo mencionado; le comentó también
que se tomaron las medidas educativas con ambos: demostrar a Juan que nada se
soluciona llorando e indicar al compañero que no debe poner apodos a un amigo.
La mamá de Juan no lo entendió, - “mi hijo está siendo
víctima de bullying” - fueron sus palabras
y así se manejó todo el resto del año escolar.
La palabra “bullying” está de moda en la actualidad,
lo cual no quiere decir que no exista. El acoso escolar es cualquier forma de
maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma
reiterada, es una forma de violencia, en donde hay un agresor y una víctima que
en muchas ocasiones está sumida en el silencio frente a la indiferencia o la
complicidad de otros compañeros.
Pero ¿cómo se construye la seguridad y la
independencia en un niño? Es muy importante recordar que:
1. Los niños
enfrentan muchos retos y son estos retos, que a medida que crecen van aumentando
en dificultad, los que les ayudan a saber que pueden resolver situaciones.
2. La confianza
en sí mismos se deriva de una sensación de sentirse competente. Quien no se
siente competente no logra confiar en sí mismo.
3. La confianza
en sí mismos no se obtiene solamente porque los padres les digan lo geniales
que son, sino a base de logros personales, sin importar si son pequeños o
grandes.
4. Es muy
importante que frente a toda experiencia, los padres puedan facilitar a los
hijos las oportunidades para desarrollar la capacidad de enfrentar y resolver
situaciones por sí mismos.
5. Es
importante la supervisión, pero es imprescindible el espacio que cada niño
tenga.
1. Hay que
darles la oportunidad de equivocarse e intentarlo nuevamente. De los errores
todos aprendemos.
2. Aunque en
muchas ocasiones se quiera intervenir corriendo frente a una situación difícil,
hay que recordar a su hijo primero que sea persistente, que busque soluciones. Hay
que dejarle saber que usted está ahí pero no resuelva sus momentos de crisis.
Estas acciones, entre otras, son prácticas que lograrán
que nuestros hijos puedan tener autonomía, es decir, que puedan resolver lo que
se les presenta por sí solos y sin depender de nadie.
Es verdad que verlos crecer es difícil, sentir que nos
necesitan nos hace sentir buenos padres, pero una verdadera relación entre
padres e hijos realmente se construye más sólidamente mientras más seguridad e
independencia exista en esos niños, que entonces lograrán construir vínculos que
no estén basados únicamente en la dependencia.
Al crecer, esos hijos independientes les darán las
gracias por lo preparados que se sienten para recorrer el camino que tienen
delante de ellos, un camino que toman
además con la seguridad de que pueden caerse pero que saben levantarse.
(continuaremos con más detalles sobre este tema en la publicación de la próxima semana)